Desde Futur:e, el observatorio internacional de tendencias de Método Helmer, hace algunos meses que encontramos repetidamente referencias a un término que hasta hace poco apenas habíamos escuchado: el Decrecimiento. Si en un primer momento pudimos pensar que se trataba de una de las tantas tendencias-moda que leemos a diario en webs y blogs en torno a la reinvención social, uno de los muchos términos-receta que prometen haber encontrado la solución definitiva a los acuciantes problemas económicos, políticos, ecológicos y sociales que padecen nuestras sociedades, tras una mirada un poco más atenta (y en vista de la insistencia de nuestros futurers-observadores), empezamos a sospechar que puede tratarse de algo diferente. Dejamos aquí algunos breves apuntes acerca del término:
Si consultamos en Wikipedia, esta es la definición que nos encontramos: “El decrecimiento es una corriente de pensamiento político, económico y social favorable a la disminución regular controlada de la producción económica con el objetivo de establecer una nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, pero también entre los propios seres humanos”. Cuando oímos hablar de corrientes sociales en torno a la necesidad de un nuevo equilibrio entre el ser humano y la naturaleza es difícil no pensar en la enésima promesa ‘new age’, pero el artículo publicado el pasado 9 de noviembre por Florent Macellesi en su blog (del que númerosos medios se han echo eco en las últimas semanas) aporta ideas interesantes:
Básicamente, el concepto del decrecimiento pone en cuestión los grandes fundamentos del productivismo al exponer que no hay crecimiento infinito posible en un planeta finito. Apoyándose en autores de varias procedencias ideológicas como Iván Illich, Nicholas Georgescu-Roegen, Cornelius Castoriadis o André Gorz (que consideraba el decrecimiento como “un imperativo de supervivencia”), se opone al consenso generalizado según el cual el crecimiento económico es el máximo del bienestar humano y una aspiración compartida política y socialmente.
Clément Homs, activista e intelectual del decrecimiento en Francia aclara:
“Hay que recordar desde el principio, para evitar todo malentendido, que al hablar de decrecimiento lo referimos al crecimiento del PIB y no al sentido metafísico que comúnmente lo damos al término de “crecimiento”. Los objetores del crecimiento no combaten el sentido metafísico del término”.
Esto es, los teóricos del decrecimiento abogan por una disminución del consumo y por una transición paulatina hacia sistemas de producción más controlados y racionales. La premisa es sencilla: no es posible un crecimiento continuo en un planeta limitado. Se trata de recurrir a procesos acordes a nuestros recursos limitados: “escala reducida, relocalización, eficiencia, cooperación, autoproducción, intercambio, durabilidad y sobriedad”; y replantearnos los conceptos de poder adquisitivo y nivel de vida.
“Es de resaltar que el decrecimiento no es una teoría nueva, ni siquiera una categoría económica bien definida. Al contrario, desde los años 60 y, sobre todo, 70 del pasado siglo se empezaron a revelar voces de pensadores y activistas que ponían en entredicho la viabilidad ecológica, política y social de un sistema basado en el crecimiento como eje vertebrado”. (Marecellesi)
Se refiere a la obra ‘The Entropy law and the Economic Process’, escrita por Nicholas Georgescu-Roegen en 1971, que sentaba las bases del término decrecimiento, junto con los trabajos de Günther Anders (‘La obsolescencia del hombre’, 1956), Hannah Arendt (‘Condición del hombre moderno’, 1958); o del Club de Roma y su ‘Informe Meadows’, 1972 (en castellano, ‘Los límites del crecimiento’). ¿Porqué entonces su vigencia en el momento actual? Aparte de la obviedad de que los tiempos han cambiado, parece que, tras las la crisis económica, nos encontramos en un momento idóneo, es más, necesario, para replantearnos todo. Al menos, de lo que sí estanos seguros, y desde Futur:e recibimos constantemente señales de ello, es de que las mentes más innovadoras andan detrás, y a la búsqueda, de este tipo de respuestas y soluciones.
Por otro lado, y muy importante, las teorías (y prácticas, no lo olvidemos) del decrecimiento rechazan de plano, y de una vez por todas, el tan benevolente como ineficaz (incluso a veces sospechoso) desarrollo sostenible:
“El mensaje fundamental que aporta la tesis del decrecimiento en la actual escena política, y sin el cual no estaría del todo claro la razón de ser de tal movimiento, es el de rebelar la aporía de las “falsas buenas soluciones” del desarrollo sostenible (…) El problema del desarrollo sostenible es que es un verdadero y trágico engañabobos, porque no es capaz de vislumbrar que el crecimiento anula por completo, por efecto del volumen, los efectos positivos de sus directivas”. (Homs)
Como breve y clara introducción al concepto destacamos esta entrevista a Joan Martínez Alier, catedrático de la UAB y promotor del ‘II Encuentro Internacional sobre Decrecimiento’ que se celebró en marzo de este año en Barcelona. Otro ferviente decrecentista español, Carlos Taibo, escritor y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, asegura que “el crecimiento económico está sobrevalorado”.
Detras de este movimiento hoy nos encontramos a teóricos del mundo entero, aunque quizá Francia sea el país con una mayor presencia: existen ya un periódico y un partido político. Serge Latouch (con cuyas declaraciones hemos abierto este post) es uno de sus más conocidos gurús. En Canadá o Reino Unido ya han visto la luz tratados en torno a cómo sus economías podrían sobrevivir sin que crezca el PIB.
Son muchos y muy interesante los artículos en torno al decrecimiento que podéis encontrar, y sin duda mucho más completos y esclarecedoras que las breves notas que aquí os hemos dejado a modo introductorio.
Carlos Casuso, Investigación / Innovación Método Hélmer






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