El otro día una amiga me explicaba que las marcas de lujo le producen cierto rechazo por la superficialidad y la frialdad proyectadas desde el entorno que les rodea. Creo que es un pensamiento bastante generalizado, ante lo que suelo hacer un poco de abogado del diablo y hacer una pequeña apuesta por las grandes casa de moda, que suelen ser algo más que cifras inalcanzables marcadas en sus etiquetas.
En un intento por reforzar mi postura, me entero que la mâison francesa Louis Vuitton lleva dos años recolectando miel en el tejado de sus headquarters en París. Así de fácil. ¿Cuántas veces hemos espantado bichos voladores con ligeros manotazos mientras caminábamos por la calle? Pues Louis Vuitton sorprende una vez más y hace alarde de su creatividad con algo tan sencillo y cercano como esto.








